jueves, 28 de marzo de 2019

Según los datos las terrazas de Almeria no son tan ruidosas


Veladores



Los empresarios de hostelería a Moreno: Derogar decreto terrazas



De entrada, en una ciudad como Almería, adornada y mecida por los cálidos meses de invierno y las largas y necesitadas frescas noches de verano en sus calles, una medida como la tomada en su día por la Junta sobre terrazas y veladores y seguida y confirmada por el ayuntamiento de Ramón Fernández Pacheco, solo puede suponer y supone que Almería decide unirse a aquellas ciudades a las que les molesta el turismo nocturno. 

Lo primero es el descanso de los vecinos y por ello hay que cerrar las terrazas por el ruido que producen en la ciudad. 

Poco ha tardado el ayuntamiento en quedar como el gran torero “Cagancho”. 
Sus propios datos reconocen que las denuncias por ruido de las terrazas no llegan ni al quince por ciento de las producidas. 

¿No tuvo en cuenta el señor alcalde estos datos al dar la orden de adelantar el cierre de las terrazas? Lo mismo ni lo sabía. 

De saltos sí debe saber, pues se postula como atleta en el triple para llevar a Almería al gran futuro que le espera. 
¡Valiente atleta quiere representar a la ciudad! 

Aquí no estuvo afortunado el señor Castellón, todo hay que decirlo, no defendió al que todavía es su jefe con el ardor espartano que se esperaba de él y entre los dos han metido la gamba en año gastronómico con el más que lógico enfado de los hosteleros capitalinos. 

Las quejas y denuncias sobre las terrazas son (fundamentalmente) por las irregulares ubicaciones de las mesas y de las sillas, y entre un diez y un quince por ciento por los ruidos. 
Sin olvidar el tráfico rodado, que dicen se lleva la palma en lo que a los ruidos, pero castigan a las terrazas y veladores.

Conclusión: 
No parece que Almería sea una ciudad ruidosa, por mucho que algún concejal del ayuntamiento se haya quejado de los veladores que como hermosas macetas le crecen debajo de sus ventanas. 

La petición de Ashal a los “memes” andaluces (Moreno-Marín) me parece oportuna, deroguen el decreto y busquen soluciones para la convivencia entre las partes afectadas: 
búsquese el descanso de unos, el solaz de otros y el trabajo del sector. 

Si el casco histórico pierde el gancho de sus terrazas y sus bares, poco atractivo nocturno le va a quedar en esos viernes y sábados de buen tiempo en la ciudad.

Una solución me aporta un amigo 
¿no sería interesante subvencionar cristales dobles en las viviendas afectadas por los ruidos? 

Lo mismo estamos ante una brillante idea. 
O que regale el ayuntamiento tapones para los oídos. 
¡Menos bromas! 
Vale.



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