jueves, 20 de diciembre de 2018

Es una vergüenza,, doña Esperanza, una vergüenza.


Incendio en Níjar


Un poblado de chabolas se incendiaba en la madrugada del martes


Ya poco más se puede hacer tras el incendio sufrido, sólo nos queda escuchar la triste lamentación de nuestros políticos y esperar que el joven de veintiocho años herido se mejore cuanto antes y pueda volver al trabajo. 
Ese es nuestro deseo. 

Pero los políticos no se pueden, no se deben ir de rositas tras lo sucedido, como nos tienen acostumbrados tras cada desgracia como la que ha sucedido en Níjar. 

La alcaldesa de la localidad, doña Esperanza Pérez nos dice que habrá que buscar soluciones ¡bien! pero que estas no pueden llegar en caliente. 
Largo me lo fían. 

Dejemos que se enfríe el rescoldo de las llamas, dejemos que el fuego deje de iluminar la madrugada de Níjar y que nuestros políticos se decidan a tomar decisiones, a buscar soluciones. 

Quince años, nos dice doña Esperanza, que lleva levantado este poblado de chabolas en “los nietos” de Níjar. 

¡Quince! 

A debido estar ardiendo todos estos años, ha debido estar caliente el problema durante los tres lustros y por ello no han tenido tiempo los políticos para encontrar una solución.

Qué vergüenza, doña Esperanza, qué vergüenza.

Nunca ha estado en frío el problema, ¿verdad?. 

Y ahora, tras el incendio sufrido, la responsable municipal de Níjar nos anticipa, se le debe haber olvidado que lleva quince años levantado el poblado de palos y plásticos, que no se deben tomar decisiones en caliente. 

Bien, muy bien señora alcaldesa, se dice que con la cabeza caliente las soluciones ante las chabolas no se ven claras, claro, pero el problema es que cuando se enfrían las brasas nadie se acuerda de lo ocurrido y entre los palos, el plástico y los enganches ilegales seguirán siendo donde cientos de personas se hacinen en su sueño de llegar a esa Europa de ilusiones y esperanzas. 

Vamos a esperar a que se enfríen las brasas de la hoguera en los nietos, doña Esperanza, pero que no se demoren las soluciones unos cuantos lustros más, llevan más de tres levantadas. 

¿O habrá que esperar otros quince años y otro incendio para seguir diciendo que en caliente no se puede legislar y dar una solución a ese poblado y a otros muchos que siguen jalonando el paisaje almeriense provincial? 

Mucho me temo que pasaran los lustros y que nos acordaremos de ellos, sus palos y sus plásticos cuando de nuevo la noche se ilumine con sus pertenencias y el olor de su piel. 
Nos rasgamos las vestiduras ante pateras y mafias, pero nos ponemos de perfil cuando el problema lo tenemos sobre nuestra propia tierra en forma de chabolas.

Nos hacemos fotos con el barco en Valencia, pero nos importa bien poco que se hacinen y pongan sus vidas en peligro en asentamientos y chabolas de plástico y cañas.

¡Qué vergüenza doña Esperanza, qué vergüenza.

Lo último manifestado por la señora alcaldesa o alguien de su equipo me ha llegado al alma: El ayuntamiento de Níjar carece de "alternativa habitacional". 
Mejor no lo puede decir, y que pide colaboración. 

A los quince años se pide colaboración...

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