lunes, 3 de septiembre de 2018

Ramón no ha estado al loro en la feria



Infierno


Si no fuera por esa calle no sería necesario el recinto ferial


La llamada calle del infierno y sus cientos de cacharros para diversión de los más jóvenes hace necesario el recinto ferial. 
Mientras nuestros hijos y nietos disfrutan en los “cacharricos” el resto del recinto languidece cada año un poco más, y todos somos un poco responsables de ello. 

Las casetas son cada vez son más impersonales, y en alguna tendrían que ir pensando en darle como mínimo una mano de pintura. 
Es el caso de “la pecera” de Izquierda Unida, donde no sólo se vive la nostalgia de viejos, desaparecidos y olvidados años, se vive con las mismas y destartaladas mesas y sillas de los años de “maría castaña”. 

Las sillas se bambolean de puro viejas, y no caerte de alguna de ellas se convierte en un deporte de riesgo. 
No creen los hombres y mujeres de Izquierda Unida que la caseta y los que en ellas pasan horas de feria se merecen un asiento más seguro y confortable. 
El mobiliario no deja de ser una cutrez en los tiempos que vivimos. 

Si las alquilan para la semana de feria, como me imagino, ya podían ir eligiendo unas sillas con un poco más de seguridad y estilo. 

La igualdad. 
Pregonamos mucho la igualdad entre hombres y mujeres, pero nos dividen en las casetas, sean del bando que sean, a la hora de ir a miccionar, “expulsar la orina por la uretra”. 

Largas colas en los servicios, llevándose la peor parte las mujeres. 
No soy especialista en casetas, pero se debía pensar alguna solución ante esas colas de mujeres esperando en las puertas de los urinarios. 

No se ha podido luchar contra las letras machistas en la feria, Inés. 
He apuntado algunas de las escuchadas y estoy contigo, de vergüenza ajena. 

Se quejan los taxistas de que a partir de una hora de la madrugada la policía desaparece de las puertas del recinto, y las colas, las copas y algunos chulos provocan más de uno y de dos escándalos (con pelea incluida) cada noche. 

Algunos de estos profesionales del volante deciden dejar de trabajar a partir de las cuatro, no quieren saber nada cuando cierran las casetas de la madrugada. 

Aquí no estamos ante una responsabilidad de tal o cual caseta, estamos ante la de unos organizadores políticos que debían cuidar muy mucho estas situaciones. 
No se entiende que la policía pueda abandonar las puertas del recinto en los momentos más conflictivos. 

Ramón, al loro, que para eso eres el alcalde, y si no dimite.

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