sábado, 18 de agosto de 2018

¡A la feria, a la feria!



¡Feria, feria, feria!



Los almerienses estamos convocados a olvidarnos de penas y dolores


Ayer dio comienzo la feria de Almería. 
Ayer se iluminaron farolillos, se incendió de color el recinto ferial; la portada, con sus luces y colorido será por donde accedan los almerienses y visitantes al mundo de la ilusión y de la magia que ofrecen las noches de agosto en la capital. 

Noches que llenaremos de pinchitos, de copas de vino dulce y tragos largos a la espera de la hora de los churros y el chocolate. 
Con los ojos cansados tras la jornada festiva volveremos a casa, dormiremos unas horas, y buscaremos en la feria del medio día, entre el calor sofocante y los caros toldos municipales, ese rayo de alegría, luz y juventud en que se ha convertido la capital en esas horas. 

Dice el equipo de gobierno desde el ayuntamiento que la apuesta es por la feria en la ciudad, ya les contaremos si es verdad o lo decían ante las críticas que vienen recibiendo año tras año los responsables de la feria. 

Y no me refiero solamente a los del Pp, no tienen mayoría en el pleno, los de la oposición podrían, si quisieran, hacer que la feria esté más cercana a la gente, más cercana a las calles y plazas de la ciudad.

 Pero no es ese el motivo de estas letras, hoy solo me gustaría desearles que se diviertan, cada uno como pueda y quiera, pero que disfruten de estos días en familia, con amigos, o con el reencuentro de aquellos que vienen desde lejos a estar y revivir unas horas la Almería de sus recuerdos. 

Durante muchos años me pasó a mí, bajaba a la feria de agosto a recuperar sabores, colores, amigos, recuerdos, sueños. 
La añoranza de los que tuvimos que abandonar la tierra, dejando en ella los anclajes de la niñez, la juventud, los amigos, los primeros amores. 

La feria era el compendio, el resumen de todos los deseos olvidados y que recuperabas durante sólo unos cuantos días al año, los de la feria de Almería. 
A por ellos vamos, a por los que la edad nos deja aparcados el resto del año y que por un día o dos nos recordará los de una ya lejana juventud.

¡A la feria, a la feria! 
Al “pinchito del moro”, al vino del tío la bota, a la copa larga en las casetas, el mojito en la de Izquierda Unida y el chocolate con churros antes de que la luz del alba, hermoso amanecer almeriense, nos cierre los ojos tras una noche loca, llena de viejas sensaciones y hermosos recuerdos. 
¡A la feria, a la feria!

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