jueves, 28 de junio de 2018

¡El segundo ministro almeriense!



Ministro

Cuatro años y unos meses en la vida política de José Guirao en Almería

Fue una de las jóvenes promesas socialistas de aquellos primeros años de la democracia de los ochenta. Llegó a la política provincial desde la concejalía de Pulpí, su pueblo, y como diputado de cultura al palacio de la calle Navarro Rodrigo donde se abrió al mundo de la cultura. 
Corría por entonces el año 1983. 

En aquellos lejanos tiempos el inolvidable Antonio García Tripiana, “el pillico”, como se le conocía en el ambiente político almeriense fue su mentor y amigo. 
De su mano llega a la diputación provincial donde junto a Luis Guerrero y Juan Manuel Llerena forma el trío político sobre el que Antonio Maresca García -Esteller montó su poder en la institución provincial durante cuatro años. 

Cara de buena gente (de no haber roto nunca un plato), de gestos amables, de ojos dulces en el mirar, pero no confundir con falta de coraje a la hora de trabajar y de tomar una decisión.

Creó, dio vida y llenó de contenido una gran área de cultura en la Diputación que aún se recuerda por parte de aquellos que trabajaron con José Guirao durante aquel cuatrienio. 
En la biografía de su paso por la diputación se destacará cómo consiguió vincular a Ángel Valente a nuestra ciudad para el resto de los tiempos. 

Cuando Valente buscaba una ciudad del sur donde pasar los últimos años de su vida José Guirao le abrió las puertas de una vieja y casi abandonada ciudad, le enseñó el alma de una bahía casi dormida y le hizo vivir el embrujo de una Alcazaba que lo acogió en su falda en las siestas calurosas de cada tarde de estío.

Pero no se quedó ahí, unió más si cabe el nombre de Goytisolo a estas secas tierras del sureste peninsular cantadas años atrás por el escritor vasco y hizo al hombre un poco más nijareño, que es lo mismo que decir un poco más almeriense y Goytisolo volvió a revivir los campos de Nijar y los vio crecer, poco, demasiado poco, pero los vivió en su nuevo encuentro esta vez con unos velos blancos de plástico sobre ellos.

Aquellos debieron ser para él cuatro años de trabajos fructíferos en una administración que le ofreció la oportunidad de vibrar con lo que más amaba, la cultura.

El nombre de Valente siempre estará vinculado a Pepe Guirao y será su gran bandera para esta tierra, pero no debemos olvidar que su trabajo en Diputación fue la gran apertura de una administración a la cultura de nuestra provincia. 
Y eso también hay que ponerlo en el haber del hoy ministro de cultura y deporte. 

Cerraba los cuatro mejores años de su vida política en Almería, los siguientes, que fueron meses, no los querrá ni recordar, pero forman parte de su bagaje y de su historia.

Tres meses duros

Pero en aquellos ochenta no todo fueron momentos felices para nuestro protagonista. 

Con la llegada de Tomás Azorín a la presidencia de la institución provincial se fue de diputación o el partido lo alejó de ella. 
Lo cierto es que Guirao se presentó en el 87 en la lista del Psoe a las municipales de la capital y no volvió a su anterior trabajo en diputación como se podía esperar. 
Este ha sido un tema del que casi nunca ha querido hablar. 

Ya en aquellos tiempos el Psoe vivía la división entre renovadores y guerristas, y mientras Azorín, presidente de la Diputación, estaba en el bando del “guerrismo”, Pepe Guirao se mantuvo fiel a García Tripiana, unido éste a la renovación del Psoe a través del entonces presidente de la Junta, José Rodríguez de la Borbolla. 

¿Le costó el puesto en Diputación a Pepe Guirao estar con la renovación? 
No lo querrán reconocer los viejos protagonistas de la historia, pero estoy convencido, y como yo todos los que estábamos en la pomada aquellos años, que ese fue el motivo por el que Guirao no vuelve a la cultura provincial. 

Con el paso del tiempo fue mucho mejor para él, qué duda cabe, lo mismo no habría llegado ahora a ministro, pero entonces fue un varapalo para un joven e ilusionado político socialista.

En el ayuntamiento de la capital, y como edil de urbanismo, Guirao vive los tres o cuatro peores meses de su vida política en Almería. 

Tuvo un duro enfrentamiento con otro Tripiana, en este caso Antonio Torres Tripiana, ante lo que se entendía como un intento político por parte del grupo de Guirao de acabar políticamente con el entonces alcalde Santiago Martínez Cabrejas. 

Ahora se recuerdan algunas duras reuniones en el ayuntamiento en las que se pedía la cabeza de Guirao, y cómo incluso Antonio Torres Tripiana llego a imponer a Santiago una dura decisión: 
O Pepe o yo. 

Guirao pierde las competencias de urbanismo que pasan a depender de Obras Públicas, área que lleva Torres Tripiana, y el enfrentamiento político toma tal giro que va a terminar con la baja de Guirao como concejal. 

Algún técnico municipal de aquellos años cuenta aquellos duros meses vividos y cómo a ellos, a los técnicos, se les intentó levantar y poner de parte.

La vieja historia de la apertura de Pryca colmó el vaso del agua. 
Guirao como responsable de urbanismo le había dado licencia de apertura a la empresa francesa, en aquellos días las competencias pasan a Obras Públicas por el enfrentamiento vivido y cuando llega el momento de la apertura aparece un informe negativo firmado por el jefe del área de bomberos a la apertura del centro comercial. 

El lío político que se monta es monumental. 
El Psoe municipal y el provincial viven reuniones de altura, el entonces alcalde, Santiago Martínez Cabrejas,  manifiesta que no irá a la inauguración de Pryca. 
Son los últimos días, las últimas horas del hoy ministro de cultura en la política almeriense. 
Pero lo que le espera, lo más interesante para su vida política está aún por llegar.

Un viaje para olvidar estos meses de turbulencia y a su vuelta a casa una llamada de Pepote y una oferta, director general de la Junta de Andalucía. 
Empezaba lo que ahora le ha llevado a lo más alto, al ministerio de cultura de España, pero esa historia la deben contar otros.



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