lunes, 28 de mayo de 2018

Los almerienses y los árboles de la Plaza Vieja



Plaza Vieja


¡Qué pena, qué tristeza, ni mil almerienses en defensa de los árboles!


Cuentan que la sonrisa cruzaba de oreja a oreja la cara del alcalde almeriense, Ramón Fernández Pacheco, viendo la foto que le pasaban de los medios ante la manifestación convocada por la oposición y veinte organizaciones en defensa de los árboles y del pingurucho. 

No nos hemos puesto de acuerdo, unos dicen que casi mil, otros que mil, algunos que ochocientos y otros se han descolgado con quinientos. 
La foto era innegable, triste, lamentable y deja las manos libres para que el equipo de gobierno municipal, con el apoyo de Miguel Cazorla, hagan en la plaza Vieja lo que les venga en gana. 

La victoria moral del alcalde es inapelable, de una ciudad de cerca de doscientos mil habitantes, mil están en contra de la decisión tomada por el ayuntamiento sobre la urbanización de un espacio público. 

No hagamos valoraciones sobre el resto de los almerienses que no estuvimos en la plaza, no se los podrán apuntar todos, cierto, pero callaran a los que a partir de ahora levanten la voz en nombre de los ciudadanos almerienses. 

Se les podrá decir, nos dirán que hablamos en nombre, como mucho, de mil, que lo mismo son quinientos. 
El triunfo y la victorial moral, se pueden poner en la oposición municipal como quieran es de ellos, y de largo. 

Es evidente, y se ha escrito en algunos medios, que el almeriense tiene otros problemas más importantes y urgentes, y que no está por la pelea de los partidos políticos, esos que cuando hay que ponerse de acuerdo para subirse el sueldo o las prebendas, dar puestos de trabajo a los familiares o adjudicar trabajos a los amigos no necesitan manifestación a favor o en contra.

Es posible que el ciudadano almeriense se haya espabilado, que ya no se deja manejar por los políticos, y sale a la calle a reír o llorar cuando le parece oportuno, se pone el lazo o la camiseta con el nombre del “pescaíto” sin que nadie se lo tenga que decir. 

Es el momento de que los partidos y las asociaciones se tomen en serio el fracaso que vienen obteniendo cuando quieren que el pueblo les siga. 
Algo no están haciendo bien, es evidente, y ahí están las últimas movilizaciones para demostrarlo, que el almeriense sale a la calle a solidarizarse o quejarse cuando lo cree justo y necesario y no cuando se lo piden los intereses de los partidos políticos y sus organizaciones afines.

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