lunes, 9 de abril de 2018

Andrés García Lorca vuelve a sus libros

¡El adiós!


Andrés García Lorca cerrará su vida laboral en la universidad


No les puedo ni les quiero negar que me considero amigo de Andrés, así como de su esposa María del Mar y desde hace muchos años, que he seguido su carrera política con el afecto que marca siempre esa amistad mantenida en el tiempo. 

En estos años ha recibido el subdelegado del gobierno en Almería alguna crítica hacia su trabajo desde este rincón de La Voz, y es de justicia manifestar que las ha aceptado con un talante que no tienen o no demuestran otros políticos, así como que no se ha resentido, o por lo menos esa ha sido y es mi impresión, la amistad que nos profesamos. 

Intento recordar, a parte de la concentración del Chuche y la denuncia a los participantes alguna otra historia con la que sacarle los colores al amigo político que se despide y me cuesta encontrarla. 

No podemos echarle la culpa de la falta de Guardias Civiles en nuestros pueblos o de la seguridad en los mismos, cuando sabemos que en los informes que llegaban a Madrid desde subdelegación esa era una petición que se repetía con insistencia. 

Andrés es un hombre de bien, en hechos y de palabras, lo dice un amigo que lo aprecia y que lo conoce; Como político en estos últimos años ha estado a la altura de esa bonhomía que atesora. 

El cinco del pasado mes enero, ante la cabalgata de los reyes magos comentaba a los amigos su decisión de volver a la Universidad a cerrar entre sus muros, sus libros y sus investigaciones su vida laboral. 
Parecía lejano entonces el cuatro de abril, pero aquí está, ha llegado, y con él la despedida como cargo público de Andrés García Lorca, una gran persona dentro y fuera de la casta política en la que ha vivido durante estos últimos seis años.


Una espina, estoy convencido, le quedará grabada en la piel de su dilatada carrera pública y que no logrará olvidar fácilmente, la historia que le hicieron vivir desde su partido con el tema del concejal don Nicasio Marín y su oferta para ser director provincial. 

Conociendo a Andrés García Lorca sé que lo tuvo que pasar muy mal en aquellos días, que le tuvo que costar una enfermedad plegarse a los intereses de unos “políticos niñatos” donde los haya. 

Pero lo cierto es que se plegó (nunca le pregunté por qué, quizás sea el momento de hacerlo uno de estos días en que recupera cierta libertad aparcada) y eso, estoy seguro, no lo olvidará nunca. 
Bienvenido al mundo fuera de la política.

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