sábado, 4 de noviembre de 2017

Presupuestos: La coña marinera

Dineros


Los presupuestos son la “coña marinera” de nuestros políticos.


Estoy por repetir el artículo escrito el año pasado por estas fechas y seguro que a ustedes les parecería idóneo ante lo que este año nos vuelven a prometer desde Sevilla, y repiten sus marineros desde Almería.

Son la coña. 
Cada año nos repiten las historias. 
No se cansan. 
Qué aburrimiento producen.  
Prometen cada año lo mismo. 
Las mismas obras en cada presupuesto. 
Obras que no se acaban y que vuelven a ofrecerse en los presupuestos del año siguiente. 
Y así hasta el infinito. 

Lo hacen desde Sevilla, desde Madrid, desde la calle Navarro Rodrigo, desde la Plaza Vieja. 
Estas cuentas, nos dicen, son las mejores, las más expansivos, las que mejor tratan a Almería, a la provincia, a la ciudadanía, a las Marías y los Juanes de nuestras calles y plazas. 

¡Vayan ustedes a freír espárragos, caballeros de alto postín! 

El colmo desde Sevilla y que repiten los marineros de Almería: 
“Estas cuentas van a evitar el despoblamiento de los pueblos del interior, con un fuerte apoyo a la agricultura ecológica”. 

Saben ustedes quién dijo lo mismo, o algo parecido hace treinta años, un presidente de la diputación de Almería, malagueño él por cierto, y que tuvo que querellarse contra la Junta de su propio partido ante las patrañas cometidas en nuestra provincia. 

Se llamaba Tomás Azorín, y con sus luces y sus sombras, y sus errores cometidos, todos tenemos algo que esconder en los armarios de nuestras contradicciones, demostró preocuparse mucho más que todos ustedes por el desarrollo de esta tierra. 

En los últimos treinta años: 
¿qué ha ocurrido en los pueblos pequeños de Almería? 
Que han seguido perdiendo población día tras día, que se les ha ido quitando servicios, que se les ha puesto dificultades cuando han querido trabajar sus tierras y prohibiciones cuando han querido levantar un muro, una pared o un techo para ellos o sus animales.


Eso sí, 
¿fiestas? 
Todas las que hagan falta y más, 
pero al día siguiente cuatro viejos sentados en la plaza, 
un médico dos horas al día, 
la Guardia Civil cada día más lejana, 
la ambulancia a media hora o más del pueblo, 
el cura media hora a la semana y 
un mercadillo con cuatro puestos, uno de ellos de verduras, un día a la semana. 

Y los jóvenes a trabajar en la capital, en el Poniente o apuntados al poderoso Per, ese que da votos a mogollón y mantiene el momio a tanto político chupóptero.

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