miércoles, 1 de junio de 2016

Una década de vergüenza tras el derribo

Derribo


Aquel día los periódicos ingleses abrían con los Prior en primera página


José Antonio Flores, que se encontraba en Londres en aquel momento, se enteraba por los papeles ingleses de cómo en Vera se tiraba la casa de un matrimonio inglés, los Prior, que habían comprado con toda la buena fe del mundo una casa donde disfrutar de su jubilación y del clima de nuestra provincia. 

Las noticias y las fotos del derribo y de las caras de los protagonistas ocupaban las primeras, nos contaba días después a su vuelta de “los London”, y según él los comentarios sobre la noticia del derribo no dejaban muy bien parada la poca o nula seguridad jurídica existente en nuestro país, con Almería y Vera como principales protagonistas. 

¡Si fuéramos un país!, pero somos diecisiete y cada uno tirando el carro por su pedregal particular. 
Y así nos va. 
Desde entonces ha pasado casi una década, diez largos años buscando una solución a esta y las demás familias sobre las que pende la espada del derribo de una ciega justicia y de unos ciegos e incompetentes políticos a los que hemos votado a lo largo de estos años.

 ¿Tenemos lo que nos merecemos? 
Qué quieren que les diga, tenemos lo que votamos, por lo que sí, es posible, muy posible, que tengamos lo que nos merecemos. 
¡Pero ojo, el pueblo no se equivoca nunca! 
¿Está usted seguro? 

Vemos un sombrero en el suelo y le damos una patada. 
No lo pensamos, pero la piedra estaba dentro. 
Y el sombrero aparece cada cuatro años y nosotros patada al canto.

 Ahí sigue la familia Prior, viviendo en un garaje, esperando que alguien, no sé si empezando por el ayuntamiento de Vera, atiendan algunas de las sentencias pronunciadas, unas recurridas, otras no. 
No deja de ser sintomático que los compañeros británicos de los Prior tengan que salir a la calle a recordarnos a todos los almerienses lo que viene soportando esta familia. 

¿Los hemos olvidado nosotros o hemos querido hacerlo? 
La impresión que damos es que los hemos olvidado y que lo hemos querido hacer. 

Es triste que cuando algo no nos gusta miremos para otro lado, nos pongamos de perfil y dejemos a la gente que vino a vivir entre nosotros en la estacada. 
Uno siente vergüenza y remordimiento ante situaciones como la de los Prior y el olvido en el que les tenemos.


En la manifestación de los ocho años del derribo pocos, por no decir ningún almeriense presente. 
La solidaridad brillaba por su ausencia.

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