miércoles, 20 de abril de 2016

¡Los tribunales de justicia a favor de los olivos!

Tribunales



Archivada la causa de los olivos contra el delegado de agricultura



No se le veía muy preocupado al señor Ortiz Bono por esta cuestión, pero más vale un archivo que una causa abierta aunque al final se pueda ganar. 
Aunque los ecologistas han recurrido.

Me alegro por él y por una provincia que sigue perdiendo puestos de trabajo, que tiene problemas con los precios de los tomates, que no consigue levantar un hotel desde hace años para el turismo, que cierra y desmantela sus complejos turísticos como el de Las Menas de Serón y a la que los políticos siguen poniendo como centro (no sé de qué) del mundo. 

En nuestra provincia, a la hora de poner piedras en el camino del desarrollo y del progreso somos únicos. 
Es nuestro sino, que le vamos a hacer. 
A algunos nos parecía una tremenda incongruencia que se le pusieran pegas a la siembra de olivos en nuestros parajes, pero por Almería, señor, somos así. 

Debe ser una barbaridad imperdonable el plantar olivos, por lo que hay que denunciar ante la fiscalía cualquier oportunidad que se plantee de buscarle salidas al progreso y desarrollo de la provincia. 
La escusa era el agua. 
No tenemos agua en Almería para regar estas hectáreas nuevas.

No se vio a ningún grupo ciudadano llevar a los tribunales y denunciar cuando un político como Zapatero y su gobierno liquidaron el plan hidrológico nacional. 
Ese que iba a traer cien hectómetros cúbicos de agua a las zonas secas del levante provincial. 
Pocos, cierto, insuficientes, también cierto, pero bastantes menos tenemos ahora con los que regar. 

No solo se estaba cometiendo un error político cuando estaban todos los permisos en regla y puesta la primera, se estaba condenando a unos campos y a unos hombres a pasar sed (y hasta es posible que necesidad) en el futuro.

Para algunos no sé qué es mayor delito. 

Yo me inclino a pensar que lo primero son las oportunidades para que el hombre tenga una vida lo más digna que se pueda. 
Y eso pasa por un trabajo, unos derechos y una libertad. 

Si no somos capaces las sociedades de crear las fórmulas para que tengan esos derechos, no sé qué puñetas hacemos. 
Y esas sociedades están en manos de los políticos y de esos círculos que deciden llevar a los tribunales todo lo que no les gusta, les molesta o no les apetece tener cerca. 

Solo dos personas, dos. 
Una pareja para más señas, está llevando la lucha contra las terrazas de la capital. 
Les molesta una y van a llegar hasta el final.
¿Acabarán con todas?

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