martes, 8 de marzo de 2016

Los ruidos y el turismo en Almería

 Silencio



Los vecinos se levantan contra los ruidos de las terrazas en la capital



El ayuntamiento quiere hacer de Almería una ciudad de turismo, tipo Málaga, para entendernos. 
Para ello el acalde se ha reunido con su colega malagueño. 
No fue él, es cierto, pero algún vecino suyo nos arrebató lo de la costa del sol, ¿se acuerdan? 
Ya veremos lo que pierde nuestro alcalde en esta ocasión, aparte del tiempo. 

La Junta y la diputación quieren vender Almería en el exterior. 
Que nos digan qué es lo que van a vender. 
No lo tenemos muy claro. 
Los cuatro hoteles de verano en Roquetas, supongo, poca cosa más se han construido en estos últimos treinta años. 

No creo que vayamos a venderles a los turistas que por aquí engañamos a los compradores de viviendas y después les derribamos las casas, que es desgraciadamente lo que hemos hecho, o les mantenemos con una retro sobre las mismas dispuesta a caer sobre el tejado en cualquier momento. 

Pero ya rizamos el rizo cuando se dice que Almería tiene que ser una ciudad turística y vemos como se pone en tela de juicio a los cuatro veladores que jalonan nuestras calles y plazas.

Los vecinos tienen derecho a descansar, nadie dice lo contrario, pero ¿me pueden contar lo que se vive en Almería desde la tarde-noche del domingo hasta la del viernes? 
Almería se convierte desde las ocho y media de la noche, con el cierre del comercio, en una ciudad muerta.

 Y así el lunes, el martes, el miércoles, el jueves y el domingo. 
Algo se despierta el viernes y vive con cierta intensidad el sábado. 
Poco más. 

No creo que los vecinos se quejen del lunes y demás días, y que sus quejas son, un poco por el viernes y especialmente por el sábado. 
Puedo entender que si tiene que trabajar el sábado se enfade por los ruidos del viernes. 
Está en su derecho y lo entiendo. Supongo que yo haría lo mismo si no me dejaran dormir.

No digo que con la llegada del verano no se aumenten los días y los ruidos en las terrazas, pero la protesta llega en invierno, y eso es lo que no se entiende. 
Se puede entender que el que  se queja en invierno se va en verano a las zonas de veraneo y ya no le molesta las terrazas de la ciudad? 
¿Y les molesta en invierno? 

Es complicado compaginar las vidas de los ciudadanos y de los turistas. 
Unos vienen a hacer ruido y dormir poco, los otros quieren descanso y solaz. 
Le habrá dado algún consejo a Ramón el alcalde de Málaga.


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