viernes, 4 de marzo de 2016

De vez en cuando algo positivo

 Calle y escudo



Una calle de Almería ya lleva el nombre de Marcelino Camacho



Nada que objetar. Más bien todo lo contrario. 
Creo que la labor de Marcelino y muchos de sus compañeros en aquellos duros años setenta y pico se merece el reconocimiento de todos los españoles. 
Y por ende de todos los almerienses. 

Si a ello unimos que su mujer es de las hermosas y altas tierras de Fondón, “tetas de la sacristana”, que diría uno de la tierra. 
Lo que no deja de sorprender es que mientras algunos intentan olvidar una guerra y la larga dictadura que nos llegó después, otros parecen seguir en el frente del Ebro, donde luchó mi padre contra sus cuñaos, los hermanos de mi madre, y que años después recordaban con historias llenas de trágicas consecuencias para hombres, mujeres y miles de familias.

Un grupo de ciudadanos está llevando a cabo una campaña en la red para que el pabellón de Roquetas, el de la princesa, lleve ahora el nombre de una deportista almeriense: 
Carmen Martín. 
Me uno a ellos.

 Si dejamos al lado los intereses políticos y partidistas y miramos lo más cercano que tenemos, el balonmano español tiene en Carmen un puntal, y nosotros una paisana que en la cancha se muestra pletórica, fuerte, compañera, y en la calle divertida, generosa, alegre. 

Me gustaría que el pabellón de Roquetas llevara su nombre, y espero que los partidos no se busquen otro interés a poner en sus vitrinas. 
No me extrañaría que lo hicieran. 
Si algo viene demostrando la política es la poca sensibilidad que tiene por lo que le interesa al ciudadano.

Dejaros de tonterías por una vez, puñetas, basta de pataletas de niños que parece que estáis de pelea en el patio del colegio.

Hace unos días el Instituto de Estudios Almerienses le otorgaba el escudo de la institución a Pepe Fernández Revuelta, el hombre que lo creó en su etapa de presidente de la diputación. 
Han tardado. 
Pero ahí está. 

Y uno se alegra de que los ciudadanos cumplamos con aquellos que se lo merecen. 
Fernández Revuelta se marchó de la política en silencio, como lo hace la gente de bien. 
Durante años leíamos en La Voz su columna semanal. 
Siempre fiel a unos sentimientos de grandeza humana. 

No le conozco una palabra en contra de nadie, ni una crítica “canalla” dedicada en todos esos años a los políticos que han mandado en Almería, y no porque faltaran argumentos para ello, es que Pepe Fernández Revuelta era por encima de todo un hombre de honor.




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