sábado, 6 de febrero de 2016

¡Que lo pongan en un altar!

Zurgena



A Cándido Trabalón le vamos a tener que poner un altar en Zurgena



Fue la imagen vendida hace unos años sobre lo que no tenía que hacer un ayuntamiento, una corporación y un alcalde con el urbanismo de su municipio. 

Diez años más tarde, o quizás quince, no vamos a tener más remedio que solicitar su beatificación y elevarlo a los altares de nuestra provincia. 
Empezando por su pueblo. 

Juicios tengas y los ganes, dice el viejo refranero español. 
Pues ahí tienen al señor Trabalón ganando juicio tras juicio. 
Según la justicia hasta el momento, y se le ha juzgado unas cuentas veces ya, don Cándido se ha comportado con equidad y justicia, por lo que no se le puede reprochar acto alguno en su labor como alcalde en lo tocante a las causas contra él abiertas por licencias urbanísticas. 
Tiene guasa. 

¿Y ahora qué hacemos con todas las casas sin terminar, las empresas hundidas y los puestos de trabajo perdidos por unas denuncias que se demuestran, así lo dice la justicia, que no eran ajustadas a derecho?

 Tenemos que pensar, tras los años pasados y las sentencias vertidas, que alguien se dedicó a denunciar al señor Trabalón sólo como venganza política. 
Es triste, pero es lo que parece. 
Y no me pongan cara de llevar escalera de color. 

A Cándido se le ha querido ganar en los despachos y en los juzgaos lo que no se le podía ganar en las urnas, y se le abrieron frentes, denuncia tras denuncia, a ver si en alguna caía. 
Por ahora nos está dejando “pasmaos”, lo viene ganando todo el caballero.
 Al final tendremos que pedirle perdón y elevarlos a los altares de Zurgena, ya lo verán.

¿Y con los denunciantes qué se hace? 
¿Les deja la justicia que se vayan como si nada hubiera pasado; de rositas, vamos? 
Tiene toda la pinta. 

Le han amargado la vida durante los últimos quince años a Cándido, y con él al resto de sus compañeros del equipo de gobierno, no parece justo, que quieren que les diga, que los denunciantes se sigan paseando tranquilamente por la vida, con las manos en los bolsillos y silbando como si con ellos no fuera el asunto. 

Las denuncias que se hacen por venganza y con ánimo de hacer daño (y que se demuestran que no tenían justificación) tendrían que tener su penitencia.
 Por lo menos la de la cárcel de papel. 
Conocer los nombres de los que denunciaron un acto que se ha demostrado no era contrario a derecho.
¿Quién resarce a Trabalón y compañeros estos duros años?


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