lunes, 1 de febrero de 2016

¡Chuscos hasta para buscar escusas!

Chiringuito


Con ocho metros de cocina no se pueden hacer paellas a “tutiplén”


No saben estos caballeros de la Junta lo que un cocinero es capaz de hacer con ocho metros cuadrados de cocina. 
Y sobre todo en verano, cuando con un rosco de butano, o dos, o tres, o cuatro, se montan en la parte de atrás del “chiringo” todos los fuegos y planchas para dar de comer a un regimiento en la playa de Mónsul.

 Con lupa va a mirar la Junta el pliego de condiciones. 
¿Pero no lo ha redactado ustedes? 

Bajo ningún concepto, he leído en papel impreso, van ustedes a permitir rectificación alguna en lo decidido. No hacía falta que nos lo dijeran, ya les conocemos, prefieren sostener a enmendar, aunque en el camino se pierdan y nos pierdan a todos los demás. 

Estaría bueno que nos impusieran una rectificación, se deben decir, y con la tontería de que no se pueden hacer paellas a tutiplén en ocho metros de cocina quieren convencer al personal. 
No convencen ni al más todo de la cuadrilla. 
Esos tiempos pasaron, queridos. 

Lo de usar productos de la zona también tiene su miga. 
Apuestan por el consumo y la oferta de productos autóctonos en el chiringo de Mónsul, y me parece bien, pero no deja de ser otro intento tonto e inútil de quedar bien con el ciudadano. 
Lo envuelvan como lo envuelvan chiringuito se queda.

No cree señor delegado que los precios marcados en el pliego de condiciones son un poco subidos de tono y precio para la situación de empleo y crisis que vive Almería. 

Un café a dos euros y medio me parece no caro, carísimo. 
Debe estar usted pensando en un “chiringo” para ricos y políticos, las dos clases sociales que se pueden permitir pagar precios como los que la Junta impone en la playa de Mónsul. 

A la botella de litro y medio de agua le pone un precio de tres y medio.
Los pobres se la comprarán en el super de casa. 

La caña dos cincuenta, pero no dice si van con tapa o sin ella. 
Debe ser sin, porque en otro apartado habla de que la tapa cuesta tres cincuenta. 

El bocata cuatro ochenta. 
La copa, léase el cubata, seis cincuenta y el menú a dieciocho.

Al final han tenido que suspender la licitación del chiringuito. 
Don Antonio debía ver su cabeza en bandeja de plata por las orillas de Betis y ha preferido dejar en suspenso la medida hasta que los jefes de Triana dicten sentencia. 

¿Nos intentarán engañar otra vez con el chiringuito? 
No lo dude usted. 
Pero les va a costar más trabajo.


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