lunes, 5 de octubre de 2015

Huebro, el cura y la Virgen del Rosario

Huebro


¡La virgen, la que se ha liado en Huebro por la Virgen del Rosario!


Cuando afloran los sentimientos, se acaban las razones. 
Cuando manda el corazón, se nublan las entendederas. 
Cuando se piensa con las partes blandas o pudendas, las pasiones se desbocan. 
Los humanos somos así. 

En Huebro (un rincón casi perdido en ese enorme territorio que supone el municipio de Níjar) los sentimientos y el corazón de unos vecinos han podido más que el empecinamiento de un cura por bajar de su altar y sacar de su iglesia a la imagen de la Virgen del Rosario. 

Mujeres de más ochenta años, hombres más cerca del cielo que de la tierra, han dormido en los duros bancos de madera de la iglesia defendiendo a su Virgen. 
No vean este encierro desde la razón y la lógica. 
No lo entenderían, como no lo entiendo yo. 

Recuerdo a mi madre de rodillas en la catedral, con los brazos en cruz, durante horas y horas ante la imagen del Cristo de la Escucha. 
Mamá, ¿por qué? 
No lo entenderías. 
Es posible que ni ella me lo supiera explicar.

¿Qué le llevó al cura a querer jugar con los sentimientos y el corazón de la buena gente de Huebro? 
No se han dado razones convincentes y los vecinos no han querido pasar por el arco del triunfo del cura. Con un par: sentimiento y corazón. 

Por si faltaba algo se presenta el cura con la Guardia Civil dispuesto a desalojar de la iglesia a unas “peligrosas” mujeres de más de ochenta años y llevarse, si hace falta por la fuerza, la imagen venerada por estos hombres y mujeres. 
Y don Adolfo (obispo desde hace años por la gracia de Dios, no sabemos si lo sería por la de los almerienses) ¿no tiene nada que decir? 

No pudo poner algo de sensatez entre el cura y los vecinos. 
¿Tan difícil eran de convencer unos ancianos de más de ochenta años?

Resulta casi cómico (por no llorar) oír a una mujer decir que ya no se fiaban del cura. 
Si no nos fiamos de los políticos, si tampoco nos vamos a fiar de los curas, si a los jueces ya los tenemos en cuarentena, si de los sindicatos nada se puede esperar y si los emergentes vienen aprobando con sus votos los buenos sueldos y demás prebendas en los organismos públicos, ya me dirán ustedes en manos de quien estamos. 

Creo que el obispado tendría que haber montado una mesa por el traslado de la Virgen del Rosario de Huebro a Níjar, con la participación de políticos, sindicalistas, empresarios y vecinos. 
Ccoo le puede asesorar.



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