martes, 17 de febrero de 2015

El aeropuerto y los almerienses

Aeropuerto

No hay almeriense que no tenga una historia con el aeropuerto



Las hay de amor que siempre fueron de sufrimiento; las hay de pasión que nos mueve a la muerte del rival y las hay de impotencia, como nos ocurre la mayoría de las veces a los pacientes voladores almerienses. 

¿Ha donde nos llevan estas últimas? 
A sentir sobre nuestras carnes la triste realidad de un pequeño aeropuerto de provincia término, donde es difícil entrar y más complicado salir. 
Un pequeño aeropuerto frente al hermoso mar Mediterráneo, con sol y viento al recibir al viajero, una suave temperatura incluso en los más duros días de invierno pero con un horario que nos recuerda a los lejanos tiempos del siglo pasado o a una región donde no se ha oído hablar de la banda ancha. 

El aeropuerto acaba de dejar en tierra a ciento siete personas que iban a coger el avión porque ha llegado tarde, no los viajeros, que llevaban sus buenas dos horas esperando la salida, sino el avión que tenía que venir a recogerlos. 
Como lo hizo con veinte minutos de retraso, la empresa del aeropuerto no tiene mejor manera de llamarle la atención que sancionando a los desesperados viajeros. 

Volarán ustedes mañana, esta noche se pueden volver a casa, hemos cerrado el aeropuerto.
 Era las veinte y tres horas y quince minutos de la noche. 

¡Hala, que les zurzan!

No entro en si la empresa y los trabajadores del aeropuerto tenían o no razón para cerrar el mismo, pero no acepto la premisa de que tengan que ser los pasajeros los que paguen los rotos de las empresas. 
Ellos compraron y pagaron un billete que los sacaría del aeropuerto del Alquián tal día y a tal hora y si estaban a esa hora con sus maletas facturadas y sus billetes en las manos no puede un retraso por ellos no motivado el dejarlos una noche en tierra extraña, como les ocurrió a los ciento siete.

 No es la primera vez, y no será la última. 
La empresa se defiende diciendo que las compañías conocen el horario del aeropuerto y que nada puede hacer. 
Entre unas y otras usted se queda en tierra de nadie a las once de la noche, sin lugar a donde ir y a esperar en las dependencias del coqueto aeropuerto la llegada de un nuevo, hermoso y resplandeciente día almeriense.


Mañana si quieren ustedes vuelvo por aquí.
 Se van a comer un “mojón” como dicen los gaditanos. 
Y mientras las administraciones almerienses gastando millones para que vengan viajeros al aeropuerto.

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