jueves, 29 de enero de 2015

Mirando al mar soñé

Acantilados

El ayuntamiento de Roquetas pierde el recurso ante el TSJA



Las vistas de nuestro mar Mediterráneo que habrían podido disfrutar los propietarios o inquilinos de las viviendas a construir en los acantilados de Aguadulce serían de ensueño. 

Podríamos cantar aquello del malogrado Carlos Cano: ¡A ver los barcos venir, a ver los barcos llegar! 
¿A quién no le gustaría en esta vida de calles estrechas, murallas que nos tapan la realidad cotidiana tener esa posibilidad de ver el mar a unos metros de tus ojos, desde la cama y en toda su intensidad? 
Pues va a ser que no. 
Los jueces han dicho que nones. 

A seguir contemplado el mar desde lejos, o tener dinero para comprarse algunas de esas gangas que han conseguido banqueros y políticos en nuestras privilegiadas costas. 
No vayan a pensar que esas viviendas iban a estar al alcance de todos los mortales, hasta ahí podíamos llegar. 
Pero no creo que haya sido ese el argumento esgrimido por sus señorías.

 Gabriel Amat pidió en su día la nulidad de la sentencia. 
El hombre estaba en su derecho de defender el desarrollo turístico y de segunda vivienda de su municipio, y los acantilados abrían esa posibilidad, así como la de unir (en el tiempo) Aguadulce y Almería con balcones de viviendas mirando al mar. 

¡Mirando al mar soñé! 
Déjese de sueños, hombre de dios, olvídese del gran Bonet de San Pedro y siga soportando mirar el mar desde lejos. 
Que no se ha hecho “la mar” para la vista del pobre. 

Por tener lejos el mar hasta la presidenta de la autoridad portuaria, doña Trinidad Cabeo, no nos ofrece muchas opciones a los pobres mortales para que nos acerquemos al mare nostrum, ese que baña una de las bahías más bonitas del sur de Europa: La de Almería. 
¿Para cuando acabar con las vallas que nos separan del puerto?

No tenía buena imagen, no se vendía demasiado bien, daba la impresión de que quinientas viviendas sobre el acantilado de Aguadulce era algo muy impactante. 
Y se movieron los vecinos y los que no eran los vecinos. 
Los acantilados llegaron a los aledaños de la justicia y esta se ha pronunciado por dos veces. 
A los que pusieron la denuncia les encanta la última sentencia del Tsja: 
¡Adiós viviendas en los acantilados!

 Los que creen que era un beneficio para el pueblo o para sus bolsillos andan amoscados, con el rabo entre las piernas y soltando culebras por la boca contra la justicia. 
Así es la vida. 
Una veces ganan unos, y otras..
























































































































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