jueves, 22 de enero de 2015

El político y su damajuana de aceite

Aceite virgen

El oro liquido de Almería se gana a Salazar, el hombre de Valderas.



Hace unos días salía don Rafael Salazar, jefe de la oficina del vicepresidente de la Junta en Almería, del palacio de la diputación provincia con una cara de felicidad difícil de narrar. 

No es don Rafael hombre de sonrisa fácil; cara seria (y hasta de pena diría uno) acompaña la diaria vida del abogado Salazar metido en estas en la política activa. 
Pero aquel mediodía aparecía una línea en sus labios que bien podría pensarse era una media sonrisa. ¿Sonreía don Rafael? 
Aunque les parezca a ustedes mentira, don Rafael sonreía. 

Salía solo, pero una de sus manos agarraba con fuerza una damajuana de plástico de cinco litros que contenía un dorado aceite, considerado hoy por hoy como el mejor oro de nuestra tierra. 
¡Ay, Rodalquilar! 
Últimamente también lo han descubierto los americanos, nos dice la Junta. 
Cosa que hicieron los italianos hace muchos años y que han estado ganando sus buenos dineros gracias a él.

 A don Rafael se le veía satisfecho con su damajuana en la mano, por la hora que era supongo que camino de casa.
A cualquier otro político de casta y postín le habría dado vergüenza pasearse por las calles de la ciudad (tuvo que cruzar el paseo) con los cinco litros de aceite en la mano.
 Seguro que le habría pedido a un propio que se la llevara a su domicilio (la damajuana de aceite), porque no parece serio que a él se le vea con semejante recipiente de plástico lleno de aceite por el centro de la ciudad. 

¿Dónde iba a quedar su prestigio ante los ciudadanos? 
A don Rafael no debió importarle, y con su garrafa de cinco litros de aceite virgen extra de Almería salió del palacio de la diputación camino de su hogar. 
No hemos sabido si era un encargo de la señora, lo mismo el hombre, como nos toca a otros, tiene que hacer la compra, y lo que necesitaban era aceite, o era un regalo de don “Grabie”.

También es posible que el oro liquido estuviera dedicado a algún banco de alimentos, entiendo que no a Cáritas (por aquello de la iglesia), pero sí a alguna otra asociación cívica de las muchas que luchan por sacar de la situación de pobreza a una parte importante de la sociedad almeriense. 
Cosa que si era así le honra, pues ejemplos como el suyo le hacen mucha falta a esta casta de políticos que nos ha tocado en suerte. 

Don Rafael parecía un poco más humano con su garrafa de aceite en la mano.



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