martes, 23 de diciembre de 2014

¡Que la dejen en paz, coño!

Alpujarra

Los gobiernos de Sevilla y Madrid se pelean por La Alpujarra



Este año se ha quedado vestida y sin novio a la puerta del convento. 
Entre Susana y Mariano le han hecho un roto a la pobre Alpujarra. 
No va a entrar en el juego de ser o no ser patrimonio de la humanidad. 
Habrá que esperar a otros cantores y que no se olviden de ella. 

No tengo muy claro que lo significa ser patrimonio de la humanidad. 
Sé lo que ha supuesto para algunos pueblos de la zona ser parque natural y no están los vecinos nada contentos con ello. 
Hablo de los almerienses. 
Lo mismo los granaínos tienen más suerte con los políticos de Sevilla y han salido más beneficiados. 
Los nuestros sólo se han encontrado con más problemas y ninguna ventaja. 

Si lo del patrimonio va por el mismo camino algunos no quieren subirse a ese carro. 
Les digo que peor de lo que ya están va a ser imposible, que a ver si ahora con lo de la humanidad se les mejora en algo la vida a ellos. 
Ni por esas. 
Qué tendrán estos políticos nuestros que ya no convencen a nadie. 
Cualquier cosa que les ofrezcan a los ciudadanos ya lo ven como un engaño más, tengas o no coletas.

Y no les falta razón. 
Llevan más de treinta años, los unos y los otros, engañando a los hombres y mujeres de estos pueblos alpujarreños, a los que han abandonado a su suerte. 
Por no tener no tienen ni alcaldes o ediles a los que dar la barrila de vez en cuando. 
La mayoría viven en la capital, algunos van los fines de semana, otros en las fiestas grandes del pueblo. 

Municipios que tienen plenos cada tres meses, cuando los tienen, otras veces se pasan seis y si te he visto ni me acuerdo. 
Vecinos que tienen que ir preguntando que a qué hora viene el médico. 
Nicasio Marín y sus compañeros hicieron un trabajo sobre la sanidad en estas villas que pone los “pelos de punta”. 
Nadie les hizo caso, nadie se peleó por ellos, ningún gobierno le puso la cara colorá al otro. 
Pa qué, si están cortaos con la misma tijera.


Y ahora, con la historia de La Alpujarra y la humanidad ponen el grito en el cielo, se pelean, se echan las culpas los unos a los otros ante la apatía de unos hombres y mujeres que ven sus peleas como las de los niños en el patio de recreo del colegio. 
Y es que así son, como niños discutiendo por un caramelo. 
Lo que queremos, me dice un vecino es que nos dejen en paz, que bastante lata nos dan con tanto parque y otras mandangas. 
Pues eso, que les dejen en paz, coño.

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