miércoles, 3 de diciembre de 2014

A la escuela con más setenta años

Cursos

Parraleros del Andarax hacen un curso para aprender a sulfatar



Mi amigo Paco, con más de setenta años, el corazón dolorido y las piernas cansadas de tanto campear, sigue siendo uno de esos hombres que se levanta temprano, va cada día a su cortijo y cuida de cuatro parras, dos pimientos, un limonero, una berenjena, cuatro gallinas y unos cuantos gatos que le libran de ratones y otros lirones de campo.

 Entre las labores diarias está la de librarse de las malas hierbas que crecen por todo el cortijo. 
Un par de horas de trabajo cada mañana y a seguir sintiéndose joven, dentro de un orden lo de joven, Paco, no presumas. 

El caso de Paco es el de otros muchos vecinos de esos pequeños pueblos que tuvieron su riqueza con la uva y que esperan el día de la duquesa con media de hora de médico al día (media), sin seguridad que los proteja (la guardia civil a media hora), sin cura que les de la bendición (una vez a la semana), con una carretera que les dejó la dictadura de Primo de Rivera (nadie se ha vuelto a ocupar de ella) y con el servicio de urgencia más próximo a casi media hora de sus casas. 

¡Vivan los políticos que los defienden, los cuidan y los protegen!

Los protegen tanto, que ahora les exige a esos viejos parraleros un carnet de manipulador si quieren usar en sus cortijos herbicidas y otras sustancias para cuidar sus pequeños cultivos. 
El cuerpo no da más.

Para ello tienen que hacer un curso, cuyo costo es de cincuenta ocho euros (58). 
Y en ello andan los viejos parraleros del Andarax. 
Me cuentan que si no tienen el carnet les pueden caer multas de trescientos euros. 
Están las pensiones de estos hombres como para multas de esa cuantía. 
¡Pero en qué manos estamos! 

Hombres que llevan trabajando en el campo sesenta años, que sulfataron y quitaron hierbas toda su vida tienen que hacer ahora un cursillo para que el hijo del Limero les diga cómo hay que utilizar el sulfatador (cientos han gastado a lo largo de su vida) o para indicarles las ventajas o desventajas de tal o cual herbicida. 

Y todo ello obligados ante la amenaza de que si no tiene el carnet de buen agricultor les pueden llover (con la falta que nos hace la lluvia por estos lares) gordas multas.


No piensan ustedes que estamos un poco locos. 
No sé a quién se le habrá ocurrido la idea del carnet para estos viejos agricultores, pero suena a tomadura de pelo. 
Pero aquí no acaba todo, no crean, otro día les cuento el final de lo que parece el cuento del fantasma de la Junta de Sevilla.

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