lunes, 24 de noviembre de 2014

Gabriel Amat al banquillo

Banquillo

Gabriel Amat estuvo setenta minutos contestando en el juzgado


Ahora lo que necesita nuestra sociedad es que la justicia sea rápida. 
Vamos, que doña María del Mar Alejo, con todos los datos sobre la mesa dicte cuanto antes la medida o tomar. 

O se abre causa oral contra el alcalde Roquetas y sus compañeros de equipo de gobierno o se archiva la historia de la fabriquilla. 
Eso es lo que se le pide a la jueza una vez que conoce los argumentos de las partes. 

No se pueden eternizar las causas en los juzgados, como viene ocurriendo en nuestro país. 
No se pueden pasar lustros y más lustros con personas bajo esa espada de Damocles que supone la lenta justicia. 
Los propios juristas pregonan que una justicia que se demora en el tiempo deja de ser justicia, pues nada, que intente acortar los plazos, sobre todo cuando el nombre de personas (y por ende el de sus familiares) están en tela de juicio.

Si hay datos como para abrir el juicio oral contra Gabriel Amat mañana es tarde, si no los hay tarde es hoy para que se le tenga imputado. 

Este y otros casos análogos nos deben servir para valorar la situación de imputado. 
Es evidente que esa calificación ya no es un beneficio para el que la ostenta como se ha venido diciendo, más bien todo lo contrario. 

Hoy día el ser imputado supone una condena social de la que es complicado salir. 
Se es culpable mientras no se diga lo contrario, y aunque se diga, la duda ya se ha instalado en la sociedad y los vientos contrarios la llevarán y traerán como sus intereses políticos deseen.

A uno le gustaría que los políticos crecieran en sensatez, no sólo en cuentas corrientes, que tristemente es lo que ocurre y encima a costa de nuestros bolsillos. 
Es necesario que unificaran una serie de criterios con los que mejorar la convivencia de la sociedad, a la que tienen en un estupor y escándalo permanente. 
Creo que va siendo hora de que pongan cuatro normas muy claras con las que se pueda alejar a los corruptos de los cargos públicos. 

No se puede defender una cosa aquí y otra en Madrid o Barcelona. 
No se puede, pero lo hacen, con la confusión que ello crea en el ciudadano. 
Cierto que los políticos no nos dan buenos ejemplos en estas situaciones, claro que la judicatura tampoco es manca. 
Algunas veces, más de las que nos gustarían, parecen hechos de la misma madera y con los mismos intereses. 
Y así nos va a los ciudadanos. 



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