viernes, 19 de septiembre de 2014

Las locuras de los políticos

Locura



Reiniciar las obras del Algorrobico es una locura, dice la Junta.


Aclaremos: es una locura hacerlo, manifiesta el delegado Ortiz Bueno, sin esperar a que los jueces digan la última palabra. 
¿Y no es también una locura, señor Ortiz, intentar poner los terrenos a su nombre sin que esos jueces cierren el caso con sus sentencias definitivas? 

Hay una sentencia que dice que la licencia de obras dada por el ayuntamiento es legal, pero para ustedes no lo es, se respeta, y a esperar las resoluciones a las impugnaciones presentadas. 
Mientras, es cierto, sería una locura reiniciar las obras. 

Ustedes tienen una sentencia que les da derecho al retracto de los terrenos vendidos en su día a Azata para la construcción del hotel, sentencia que ha sido recurrida, ¿no creen también una locura que ustedes quieran que la empresa les firme el retracto antes de que llegue esa última sentencia? 
Locura por locura.

Las locuras las hacen los locos. 
¿Sólo los locos? 
¿No estaremos ante este tema un poco locos todos? 
O por lo menos lo parece. 

Lo que me sorprende es que veamos la locura en la mente de los otros y no veamos la edad mental en nosotros. 
Comprendo que la culpa no es de ustedes, es de una justicia que camina a la velocidad de una tortuga, claro que en su defensa ésta alega que la culpa es de los políticos que no les dan las herramientas necesarias para que en su trabajo usen vías de alta velocidad. 

Al final no se escapan los patéticos políticos, acaban atrapados en su propia tela de araña. 
Ustedes crearon las condiciones para la creación del hotel, ustedes dieron los permisos medioambientales y ustedes mismos denunciaron la construcción. 
¿Y esto no es una locura? 
Pero no, los locos son los otros. 

El político se cambia de chaqueta, dice hoy lo contrario que ayer, mañana rectifica lo dicho ayer, pero es el único que no se equivoca. 
Ellos siempre tienen la razón, el boletín oficial, la potestad de las subvenciones y son dueños de las licencias. No hay quien pueda con ellos.


Rosalía Martín, de Izquierda Unida, quiera echar mano de la piqueta ya y derribar el hotel. 
¿Sin esperar a futuras y definitivas sentencias? 
¿No sería otra locura hacerlo? 
Lo que para ellos no es una locura, ni siquiera medioambiental, es que en el puerto se amplíe la cementera. Y la escusa que defienden los partidos es el número de puestos de trabajo a crear. 
Los que crearía el hotel deben ser malditos.

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