miércoles, 30 de mayo de 2012

Gabriel y el Algarrobico





                         ¡Que se abra, pide Gabriel Amat!






Un buen montaje fotográfico


Seguimos a vueltas con el Algarrobico.
El montante total del derribo del hotel puede llegar a una cifra multimillonaria.
Los técnicos hablan de más de doscientos millones de euros, con un juicio que puede durar más de una década.
Por si nos faltaba algo en la economía familiar española, tan achuchada en estos tiempos, la abuela se ha quedado en estado de buena gestación.
¡Aleluya!
Y como dice que es de la vieja guardia, no piensa abortar.
Quiere tener su Alejandro.

Lo que no podemos negarle al presidente de la Diputación y todavía alcalde de Roquetas, Gabriel Amat, es que tiene las cosas muy claras en lo tocante al famoso hotel de Carboneras:

Unas declaraciones sobre el Algarrobico que aún no han sido contestadas


Abrirlo.

Buscar mecanismos para su legalidad y ponerlo en funcionamiento cuanto antes.
Se puede estar o no de acuerdo con esta decisión, pero es la suya y la expone con la misma valentía que tuvieron catorce alcaldes del Almanzora que, con dos..cataplines, votaron por unanimidad una solución para el hotel y su pronta apertura.

 Gabriel Amat lo ha manifestado sin inmutarse.
Con valentía.
Sin miedo a los ecologistas.
A algunos dirigentes de su partido en Madrid, que no serán obstáculo para nada.

Ha dicho una cosa y la contraria.
No va a ser obstáculo.
¿Pero para qué?
(Muebles parecen, que los cambias de sitio según te interese). Y a lo que diga la sociedad almeriense o española ante su postura.
Está convencido Amat de que es lo mejor para el hotel, para los vecinos y para la situación de crisis por la que atraviesa nuestra provincia.

Es muy posible que sin la aparición pública de la mancomunidad del levante el presidente del Partido Popular, de la diputación y alcalde de Roquetas no se tendrían que haber asomado al proceloso pozo del Algarrobico.
Pero una vez surgido el tema, no ha tenido reparos en decir lo que piensa y siente sobre ese problema que lleva más de cuatro años varado en la playa de Carboneras.

Si esa postura de decir lo que se piensa y se siente fuera una sana costumbre entre nuestros políticos, es posible que no los tuviéramos como el primer problema de nuestro país.
Que lo son.
Los tendríamos como personas serias a las que creer y seguir.
Se esté o no de acuerdo con sus opiniones.
Pero son tan pocas las ocasiones en que les oímos decir lo que de verdad piensan, aunque ello le siente a algunos a "asta a la parrilla".


Unos a favor, otros en contra.
Como la vida misma.


Si unos están en contra de la apertura y por ende a favor de su derribo, y lo dicen, lo pregonan y lo exigen (están en su derecho de hacerlo) parece de lógica que los contrarios a esa postura salgan también a la palestra y nos ofrezcan sus argumentos, sus deseos y sus decisiones.
Si todos perdemos el miedo a la hora de hablar de las situaciones que se nos presentan, saldrá ganando algo tan importante como el diálogo y la democracia.

Y después:

Aceptemos la decisión que tome esta sociedad nuestra.

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